Muy buenas ... El siguiente artículo nos aclara " lo que ha pasado "
Crisis (1): qué ha pasado, de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia
La tormenta perfecta sigue su curso inexorable y todos nos preguntamos cuál es la solución. Antes de hablar de remedios, es importante saber qué ha pasado porque, sin un diagnóstico correcto, no hay soluciones acertadas.
Todo empezó en el 2001, cuando Alan Greenspan quiso evitar el colapso de la bolsa tras el fiasco de las puntocom reduciendo los tipos de interés del 6,5% al 2,5% en menos de un año. Con esos tipos tan bajos, los bancos, que viven de prestar dinero a cambio de un interés, buscaron rentabilidad en familias con pocos ingresos y con una alta probabilidad de no poder devolver la hipoteca, familias llamadas subprime. Al tener un riesgo superior, esas familias pagaban un interés más alto, aunque los bancos pensaron que el peligro quedaba mitigado por el hecho de que el precio de sus viviendas estaba subiendo: si algún día tienen problemas, pensaron, las familias podrán vender la casa a un precio superior al de la hipoteca, lo que les permitirá devolver el dinero.
Pero los márgenes que podían cobrar eran tan pequeños que, para obtener rentabilidad, tenían que multiplicar el volumen. El problema es que el número de hipotecas que podían dar estaba limitado por la regulación de Basilea que impide que los créditos concedidos por un banco sobrepasen una determinada proporción de su capital. Curiosamente, lo que sí permite esa regulación es que los bancos creen unos fondos de inversión paralelos (llamados conduits) que compren sus créditos. Y así lo hicieron: los conduits pedían prestado, compraban las hipotecas a los bancos y estos recuperaban el dinero. Al haber desaparecido el crédito de sus balances (y al permitir la regulación de Basilea que la contabilidad del banco y el conduit se hiciera separadamente), los bancos podían volver a prestar el mismo dinero, ampliando de esta manera el negocio.
Los conduits, a su vez, cogían las hipotecas, las reempaquetaban (en lenguaje sofisticado, titularizaban) de maneras tan complejas que conseguían ratings de AAA que indicaban un riesgo mínimo y las vendían a bancos de inversión. Para facilitar la operación, incluso obtenían seguros con nombres pomposos como credit default swaps. Los bancos de inversión, a su vez, utilizaban esos activos como garantía para pedir créditos adicionales y apalancar más operaciones financieras, creando así una enorme bola de nieve de activos que, por muy sofisticados que fueran, tenían como garantía última las hipotecas de las familias subprime.
Y todo eso iba muy bien mientras el precio de la vivienda subía. Pero llegó un día en que dejó de subir. Las familias que habían pedido prestados 100.000 dólares vieron que su casa sólo valía 60.000 y tuvieron que tomar una decisión: devolver una casa de 60.000 o devolver una hipoteca de 100.000. No hay que ser muy listo para ver que, si la regulación permite escoger, muchos devolverán la casa y no pagarán la hipoteca. Y resulta que la regulación permitía escoger y, por lo tanto, decidieron no pagar: la morosidad se disparó y todos los activos garantizados por esas hipotecas empezaron a perder su valor y a ser catalogados de tóxicos. El problema es que habían sido retitularizados tantas veces que nadie sabía ni cuántos activos tóxicos había ni quién los tenía. Eso creó una desconfianza entre bancos que hizo que dejaran de prestarse dinero unos a otros. Los tipos de interés interbancarios (como el Euribor) se dispararon y, con ellos, los pagos mensuales de millones de familias que dejaron de poder pagar sus hipotecas. La morosidad aumentó, no ya entre las familias subprime, sino entre todas las familias del mundo. Las aseguradoras tuvieron que desembolsar lo asegurado… pero no tenían dinero suficiente, por lo que fueron las primeras en quebrar. Sus nombres: Bear Stearns, Freddie Mac, Fannie Mae y AIG. ¿Les suenan?
Y aquí volvió a aparecer la regulación de Basilea: los bancos de inversión como Merril Lynch o Lehman Brothers habían utilizado esos bonos que ahora eran tóxicos como garantía financiera y la regulación decía que, cuando el valor de esas garantías bajara, los bancos estaban obligados a deshacerse de otros activos y utilizar el dinero para reponer la garantía perdida. El problema es que eso pasaba justo en el momento en el que nadie quería comprar esos activos a precios razonables. Pero como estaban obligados a vender, vendieron. Eso sí… ¡a precio de saldo! Eso aumentó sus pérdidas, lo que redujo la cotización de sus activos, lo que les obligó a vender más, lo que aumentó sus pérdidas… y así sucesivamente en una espiral negativa de pérdidas y caídas de cotización que los llevó a la quiebra. El pánico financiero estaba servido.
Lo que nos lleva al momento actual: la desconfianza, el pánico y la descapitalización de los bancos están haciendo que no sólo dejen de prestar a otros bancos, sino que dejen de prestar a empresas no financieras de todo el mundo. Inversiones en el sector hospitalario en Alemania o el de la alimentación en Colombia no se llevan a cabo por falta de financiación. La actividad económica cae, los puestos de trabajo desaparecen y lo que empezó como un problema hipotecario en EE. UU. se está contagiando a la economía real del mundo entero. La ciudadanía pide a sus gobiernos que actúen. Las erráticas políticas públicas que proponen, sin embargo, demuestran que no saben qué hacer, lo cual suscita más desconfianza y agrava la situación. De eso hablaremos en un próximo artículo. De momento, esto es lo que ha pasado.
XAVIER SALA I MARTÍN, Columbia University, Fundació Umbele y UPF.
Lo siento si me extiendo, pero la ocasión lo merece. El siguiente artículo es de José Antonio Zarzalejos, exdirector de ABC y " no me he vuelto loco", pero ya veran por " donde van los tiros " ...
Crisis y revolución, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital
La gran depresión del 2008 es fruto de los desaprensivos codiciosos (esos amorales gestores financieros norteamericanos y algunos europeos que han regresado a sus casas con el billetero lleno y su entidad arruinada), pero también de los políticos ineptos. Unos han sido frívolos y banales hasta la deslealtad en el cumplimiento de su trabajo profesional; los otros, los políticos, se han comportado según su habitual nivel de (in)competencia: tarde y mal. Veremos si las decisiones que han tomado en Washington y París este pasado fin de semana dan mejor resultado que las anteriores, pero lo hagan o no, la alternativa -tanto en lo financiero como en lo político- ha dejado de estar en las reformas y se sitúa en las rupturas.
La crisis es el resultado de un fallo multiorgánico de los sistemas político y financiero; la consecuencia de una ausencia de conexión entre ambos; el efecto más dramático de la abdicación de las facultades de control del poder político democrático sobre los instintos del libre mercado. La crisis es, en definitiva, la consecuencia de una grave petrificación ideológica -la liberal radical- que ha permitido que la clase dirigente financiera internacional haya campado por sus respetos perpetrando las peores fechorías económicas.
Lo que se avecina es una revolución financiera -los Estados entrarán de inmediato en el accionariado de los grandes bancos y, en muchos casos, los nacionalizará-, pero que conllevará otra de carácter político. Es inevitable que así suceda porque las medidas que se están adoptando son incoherentes con el criterio ideológico casi constante mantenido en los países occidentales desde el final de la II Guerra Mundial. La crisis obliga a los gobiernos a asumir un nuevo rol en el sistema financiero y, por tanto, le compele a adentrarse en un terreno acotado a la libre iniciativa de los ciudadanos. Los actuales sistemas políticos -menos el británico, que es el más flexible de Europa, más aún que el americano- no están preparados para esta nueva función. En los próximos años los regímenes democráticos habrán de recabar para la soberanía popular el control de su propia riqueza articulando coherentemente una nueva concepción del poder político y un diferente papel de las entidades financieras. Estamos, pues, en puertas de una revolución que habrá de tener algún hito fundacional -un nuevo Bretton Woods- que regenere la democracia.
Carlos Fuentes escribía ayer que después de la depresión de 1929 comenzaron a producirse hechos políticos en cadena que desembocaron en la confrontación más terrible de cuantas ha vivido la humanidad (1939-1945), mediando la aparición de nuevas ideologías -el nazismo y el fortalecimiento del comunismo, el militarismo japonés- que cambiaron el mundo. Para que esta crisis que ha demostrado la inmoralidad del sistema financiero no degenere en corrientes sociales totalitarias habrá que abrir casi de inmediato un
gran debate ideológico y político que arrase con los fundamentalismos liberales y sus correlativos en la izquierda, para resituar el papel del Estado y reformular sus competencias, estableciendo nuevos equilibrios y ecuaciones entre lo público y lo privado, entre el mercado y la ciudadanía, entre la actividad empresarial justa y la especulación antisocial, entre el esfuerzo laboral de alta responsabilidad y las retribuciones acordes a aquélla.
El momento para que este proceso revolucionario eche a andar vendrá marcado por las inminentes elecciones presidenciales en Estados Unidos. A estos efectos, supongo que no será decisivo quién gane, porque lo haga el demócrata Obama o el republicano McCaine, el presidente estadounidense se verá obligado a liderar un new deal -así lo subraya también Carlos Fuentes- fundacional. Desde que comenzó este siglo con el 11-S todo ha fallado: la ONU, la OTAN, la UE, el control de los mercados? y la depresión del 2008 es la gota que colma el vaso y que nos obliga a una revolución. Ya se sabe que a cada siglo le corresponde vivir al menos una. Ha llegado la hora de la que concierne a este nuevo y viejo siglo XXI.
Como es posible que un adalid, un clásico de la derecha, llame a la revolución.
Pero ... si os fijais en lo resaltado en color, vereís a lo que el llama revolución y cuales son sus características.
No voy a ponerme en el papel de " agorero " pero el " tufillo " a modelo chino de socialismo financiero y capitalismo productivo me esta " nublando el cerebro ".Un nuevo orden mundial se va construyendo sigilosamente al abrigo de la crisis. Por cierto, ¿alguien dijo China?
Reitero mis disculpas por lo extenso ...

espero no haber saturado o cofundido a los compañer@s
S@lud y suerte a tod@s